Parece ser, que el deporte se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Y es algo realmente positivo, pues hacer ejercicio es increíblemente beneficioso para nuestro organismo tal y como os he explicado en anteriores artículos (si quieres saber más, haz clic aquí). Pero, el los últimos años, también se han disparado el tipo de enfermedades psicológicas vinculadas con el mundo del ejercicio físico, como por ejemplo la vigorexia.

A donde quiero ir con todo esto, es que debe imperar una lógica sensata a la hora de practicarlo. Es decir, es loable practicar deporte a diferentes niveles, desde el que quiera desarrollarlo porque quiera competir en algún tipo de modalidad, hasta aquella persona que quiera realizarlo de forma más suave y ocasional, por cuestiones de salud.

cambio sensato

Parece que estar en forma es un imperativo social, que tener sobrepeso es una losa que debemos arrastrar con vergüenza, y que cuanto antes estemos delgados y sanos, mucho mejor. Este tipo de actitudes, son perniciosas para todos nosotros, pues entramos en un difícil juego de exigencias que alimentamos con esta conducta.

¿Quiero o debo cambiar?

La falta de respecto, lo vemos a través de agresiones simbólicas dentro de las redes sociales (en las cuales somos conscientes de nuestro error al colgar determinados tipos de imágenes en nuestro Facebook, que paliaremos lo antes posible), periódicos y noticias de televisión, donde se reverencian determinados cánones físicos y se omiten otros. Es a veces complicado encontrar en anuncios, telenoticias y en series de televisión, a personas entradas en kilos, abogando cada vez más por actores y actrices con un nivel de belleza poco realista como reclamo al público.

Todo esto lleva, a que el ejercicio se realiza por exigencia de ser querido por nuestros semejantes, de ser “guapos” y “guapas” con el objetivo de agradar y así nutrir nuestra lastimada autoestima que ya se encarga de erosionar agresivamente el sistema en el que vivimos. El ejercicio no se convierte en un “puedo”, sino en un “debo”.

Además, el incremento de personas que abusan de sustancias dopantes y de operaciones de pecho, está relacionado con el desarrollo insensato de la obsesión por la imagen física. En una sociedad que se prima tanto las actitudes hedonistas e individualistas, se necesita que el cambio sea rápido para que la sensación de placer pueda ser disfrutada lo antes posible.

El deporte, debería ser practicado desde una voluntad libre y consciente de cada individuo. Es decir, nacida de la autoderminación no viciada de lo que queremos conseguir, sin intentar de cambiar para los demás. Es lícito querer ser más atractivos, pero de ahí a que se convierta en una obsesión hasta el punto de provocar depresiones, hay un salto enorme.

Y aunque pensemos que ésto no se puede cambiar, lo cierto es que sí. Nuestra actitud debe ser más respetuosa con nosotros mismos y con el prójimo, respetando en todo momento cómo quiera estar, realizando una crítica constructiva y fundada de los motivos por los cuales nosotros no consideramos que su opción es correcta. Los mecanismos inconscientes y no razonados, suelen encerrar trampas que sin pensarlo, nos dañan más a nosotros mismos que a los demás. Un ser sádico (a nivel lingüístico) no es más que una persona que se aprecia tan poco, que la única forma de valorarse es hundiendo a los demás.

Publicado por Juanma

Amante del deporte de fuerza y del entrenamiento funcional en general

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